domingo, 5 de agosto de 2018

Daños colaterales




Apenas se había desvelado la aurora cuando creyó escuchar el crepitar de la cancela. No recordaba si llevaba allí mucho tiempo o si acaso sólo unas horas, pero sentía que aquel sucio y pestilente chiquero la había engullido sin compasión. Un paso, dos, tres, cuatro, cinco, seis, por diez. Miró a su alrededor, nadie la observaba; entonces comprendió  el porqué estaba allí, y con un tímido gesto que dejaba entrever una triste sonrisa, se dijo a sí misma que, por fin, ya era libre; pero  en ese mismo instante, el mundo entero se fue a la guerra.


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